lunes, 11 de marzo de 2013

Apostar a perder para ganar


¿No queríais taza? Pues ahí os va taza y media de mis lecturas comentadas o así, que hay que aprovechar que últimamente he aprendido a ser ese trapero del tiempo que decía Gregorio Marañón y saco petróleo a la combinación de mis ratos muertos con mi Kindle. Lo que ya no os puedo jurar es que los minutos y la pasta dedicados a La gran apuesta (Michael Lewis, Debate 2013) hayan sido una buena inversión. Tampoco lo contrario, ojo. Todavía estoy en periodo de evaluación sobre si ha merecido o no la pena echarme al coleto esas trescientas y pico páginas cargadas hasta las cartolas de los lisérgicos tecnicismos que usaron/usan en sus latrocinios impunes los cuatreros, mangantes y saqueadores compulsivos de Wall Street.

¡Un momento! ¿Tecnicismos? Pero si en las reseñas se cuenta que Lewis explica de un modo ameno y al alcance de cualquiera cómo se gestó el gran catracrac de los mercados financieros que ahora estamos pagando todos... Eso no es mentira del todo. Entenderse, se entiende sin la necesidad de tener un MBA o ser devorador de páginas salmón. De hecho, el autor ha escogido la escala humana y pone nombres, apellidos, caras y ojos a los protagonistas de aquello. Ocurre que, seguramente para que se vea que es alguien que sabe de lo que va el asunto y no un Leopoldo Abadíacualquiera, no duda en ilustrarnos sobre toda la cacharrería al uso en parqués y andurriales por el estilo. A fuerza de leer una y otra vez esos términos abstrusos, uno acaba haciéndose una idea de qué son... si bien una de las conclusiones que sacamos antes del The end es que ni los que las manejaban lo sabían.

Me quedo, pues, con la interpretación simple (¿o será simplista?), que viene a ser la intuición que todos tenemos: la hecatombe financiera fue alimentada por una mezcla de avaricia, maldad y estupidez por unos tipos que ni pagaron ni pagarán por ello. Al contrario: cobraron y siguen cobrando cifras seguidas de seis ceros. La certidumbre de que nadie hizo nada por impedirlo y, peor, que no se han tomado medidas para que sea la última vez, es uno de los desazonadores aprendizajes del libro.

Por lo demás, sigo quedándome con el fantástico documental Inside job o, si nos ponemos, con la peli no tan de ficción Margin Call. O tal vez algún que otro trabajo que aún no conozco y que me vais a recomendar, ¿verdad? Soy todo oídos y ojos.