domingo, 21 de abril de 2013

Contertulio Vizcaíno


¿Contertulio de un programa de televisión? Ni se me había pasado por la cabeza. Menos, desde mi última experiencia, hace como nueve años, cuando me invitaron al recién nacido Pásalo y me tocó pontificar sobre... ¡dietas milagro! No volvieron a llamarme y yo lo agradecí en el alma. De antes y después de aquello guardo en mi videoteca prohibida una notable retahíla de ridículos espantosos con las cámaras como testigos: una entrevista que me hizo Sobera en la que realicé todo tipo de contorsiones, un gag de Sorginen Laratza en que Lapitz y yo acabamos bailando a los sones del Cocidito madrileño con Alkain y Klaudio Landa y, fuera de concurso, el estropicio que le hice a la preciosa canción de Txomin Artola Txakurraren partia en el especial Nochebuena de ETB-1 de 2008. El solo recuerdo me vuelve la piel como la grana.

Ese currículum vergonzante, convenientemente envuelto en mi falta de tiempo, me había llevado a rechazar casi todas las propuestas de someterme a los focos que he recibido. Alguna entrevista corta, dos frases para una campaña en la que me sintiera identificado, promos de los programas de radio o, incluso, el spot a favor del Bono Kultura, pase. Más allá de ahí, y aun perteneciendo a la abundante especie de los que les cuesta mucho decir 'no' a quien parece necesitarte, he sido capaz de cerrarme en banda. ¿Por qué esta vez salió de mi boca un 'sí', tras sendas leves consultas —por este orden— a mi señora directora y a mi señora a secas y tomarme unos días de reflexión sin gota de insomnio? Si algún día me pongo en manos de un psicoanalista, se lo preguntaré. Entretanto, hago terapia de grupo con vosotras y vosotros, es decir, con quienes hayáis llegado hasta aquí a pesar de haber comprobado que estas líneas van —de ahí la etiqueta— sobre mi ombligo.

Siendo sincero, creo que el primer empujón fue una cuestión que roza el egoísmo: pensé que le vendría bien como escaparate a mi programa, a Onda Vasca y al Grupo Noticias. Después de tres años de veto infame —había excomunión para quien nos citara en la Txorilandia de Surio & Co—, volvemos a existir para EITB, que es nuestra casa y, en el caso de muchísimos de los temporalmente apestados, el lugar en que dejamos sangre, sudor, lágrimas y donde fuimos inmensamente felices; algo de lo que llegó a ser la radio televisión pública vasca, de lo que sigue siendo, tiene que ver con nosotros.

El otro motivo para dar el paso, y no poco importante, fue la posibilidad de participar, aunque fuera en cuota infinitesimal, en algo que se creaba de cero, con vocación de pluralidad y un planteamiento de partida sin concesiones a la frivolidad, al gallinero ni a la todología profesional. Tras la primera semana completa de emisión de ETB Hoy, es probable que quepan mil y un apuntes críticos, pero entre ellos no se cuenta el que se haya caído en la parrapla o el chou acostumbrado en espacios con los que aparentemente comparte formato. Y tampoco, subráyese con fosforito, en el balanceo ideológico o partidista hacia aquí o hacia acullá: baste citar a modo de ejemplo, que en mi segunda presencia, la del viernes, compartí mesa con Eva Domaika (Cadena Ser), Fermín Munarriz (Gara) y María Luisa García Franco (¡¡¡La Razón!!!) Pese a las aristas de los asuntos con los que lidiamos, todo fue como la seda, conste en acta.

Voy frenando, que este ya es el quinto párrafo y mi intención no iba más de contaros que he hecho algo que no entraba en mis cálculos y que estoy razonablemente satisfecho de que haya sido así.