lunes, 22 de abril de 2013

La decisión de Manolo Saco


Me entero con retraso de que Manolo Saco, ante cuya pluma hago la ola y aplaudo con las orejas incluso cuando no coincido en lo que dice, ha abandonado su colaboración en Eldiario.es. Con una elegancia que yo no sería capaz de empatarle, se despide de su puño y letra de los lectores en el último comentario a la entrada de su blog que provocó la decisión de marcharse con la integridad a otra parte. Qué atrevimiento el suyo, no bailarle el agua rodilla en tierra a Chávez, uno de los iconos intocables de una parte no pequeña de la parroquia que frecuenta el medio donde firmaba Manolo. Le cayó —era de cajón— la del pulpo y él, en lugar de liarse a salivazos con los que le ponían de facha cabrón para arriba, prefirió hacerse a un lado sin montar dramas: “Los lectores tenéis derecho a no correr el riesgo de sobresaltaros cada mañana, pensando que un francotirador os podría estar atacando con fuego amigo”.

Habrá quien diga que vaya poco fuste, que cuando uno se dedica a espolvorear opiniones debe estar dispuesto a ser hostiado con razón o sin ella y que si no aguanta que le unten el morro, mejor que se dedique a criar chinchillas. Obviamente, no tienen ni puta idea de quién es Saco ni de las veces que le han puesto las costillas al rojo sin que él dejara escapar medio quejido. Esto no va de bravucones supermachos. Sin estar en su piel, aunque sintiéndome muy cerca, puedo intuir que simplemente se ha hartado de darse de cabezazos con un muro. La cosa, creo, tiene que ver con lo que os contaba en la entrada sobre mi eterna confusión: hay lectores de boina atornillada que si no reciben el pienso exactamente a su gusto se lían a trompadas con el autor. No hablo de la sanísima discrepancia, de los que manifiestan —incluso con lenguaje contundente pero nunca entrando al tobillo— su desacuerdo y aportan sus razones. Esos y esas que te dicen lo que piensan sin pelos en la lengua apoyados en la confianza crítica son una bendición para los que decimos sinceramente y no como fórmula que estamos dispuestos a aprender... y a reconocer nuestros posibles errores. Los otros, los que, amparados en el cobarde anonimato, vienen a cagarse en tu padre son un puñetero cáncer.

En el caso de Manolo Saco hay, sin embargo, un matiz importante. Si normalmente puedes reservar el derecho de admisión para sacarte de encima a la talibanada, en Eldiario.es buena parte de los comentaristas son socios, es decir, sueltan sus euritos, dando lugar a esa máxima perversa del capitalismo consumista: el que paga manda. Teniendo en cuenta el tipo de medio del que estamos hablando y sus presupuestos ideológicos, no deja de ser desazonador que algunos de los que han pasado por caja estén convencidos a pies juntillas de que su cuota incluye el derecho a escupir a los autores que no les hagan cucamonas. Lo jodido es que si los que cotizan te piden genuflexiones contradictorias entre sí y tú tratas de complacerlos, acabas hecho un ocho. Por no hablar de lo gracioso que es que los que te reclaman una independencia cuasi heroica se enfurruñen si no tecleas a su dictado.

Hay una incómoda reflexión final. Se ha hecho ley de las redes sociales no alimentar a los trols. Esto se entiende normalmente como vencer la tentación de entrar al cebo venenoso que te dejan en sus deposiciones. Pero yo amplío el concepto. No alimentar a los trols también es directamente no proveerles de saque de sus potitos favoritos. Si los columnistas no salieran a buscar el aplauso y los medios no fueran a por el click de aluvión, tal vez otro gallo nos cantaría. Ya dije, y cada vez estoy más convencido de ello, que igual que hay una caverna, le están creciendo peligrosamente los dientes a algo que si no es una contracaverna, se le parece mucho. ¿Quién gana en el río revuelto, en el campo embarrado? Lo sospecho, pero estoy aun más seguro de que entre los que pierden figuran aquellos que, equivocándose o no en sus opiniones, tratan de exponerlas honestamente. Saco es uno de ellos. Hacedme el favor de decirme dónde podré seguir leyéndole.