viernes, 29 de julio de 2016

Apología (o no) de las malotas

Personas razonables cuyo criterio aprecio me dicen que me dejé llevar por prejuicios cuando tuiteé sapos y culebras contra la autora de un libro para adolescentes y la editorial que lo publica. Sostienen mis Pepitos Grillo que la campaña que pide la retirada del mercado de 75 consejos para sobrevivir al colegio, de María Frisa, obedece al desconocimiento irreflexivo y, resumiendo, a esa manía de disparar por elevación cuando se tocan algunas materias sensibles. En este caso, estamos hablando de acoso escolar y machismo, entre otras cuestiones.

Como sabrán —y si no, les voy poniendo al día—, la acusación sobre este texto destinado a chavalas de entre 12 y 14 años es que promueve el ahora llamado bullyng y, en el mismo viaje, actitudes de sometimiento de la mujer a los hombres. Hay un tercer capítulo que consiste en la desconsideración hacia madres y padres; principalmente, de hecho, hacia las madres. Como prueba, se aportan citas literales de la narradora. Ahí van algunas:

Que tu mejor amigo sea mucho, mucho más tonto que tú. Que sea lo más tonto posible.
No puedes fijarte en otros chicos delante de él, porque se pone celoso. Aunque eso, alguna vez, es bueno.
No puedes vestir mal por si acaso no le gustas.
Siempre, siempre tiene que haber alguien con quien meterse: mejor que ese alguien no seas tú. Sí, es una pena que sea tu mejor amiga, pero… ¿prefieres que se metan contigo? ¿En serio?
Lo que hacemos las pijas en el recreo: 1. Estar monísimas y pasearse delante de los chicos moviendo el c… 2. Tratar de averiguar quién le gusta a quién. 3. Obsesionarse con la lista de besos pendientes.
Cosas básicas para mantener entretenida a tu madre: Deja los calcetines y bragas sucias tiradas por el suelo. No ayudes en nada; tú tan ricamente en el sofá.

Hay que precisar que algunas de esas frases pertenecen a la media docena de entregas anteriores de la serie 75 consejos… Como principales motivos de defensa, la autora, la editorial y un nutrido grupo de personas del mundo de la escritura, la ilustración, la edición y/o la enseñanza subrayan que se trata de una obra de ficción y, en todo caso, de frases sacadas de contexto. Sobre la última alegación, tan socorrida que demasiadas veces suena a excusa de mal pagador, cabe preguntarse qué contexto necesitan las afirmaciones. Hablan por sí mismas; da igual lo que vaya antes o después. Dicen lo que dicen y punto. Recurrir a la martingala es, opino humildemente, señal de conciencia culpable; ¿no sería más honesto reivindicar esas aseveraciones? En cuanto a la justificación apelando a que se trata de ficción, lo encuentro casi peor. Curiosamente, es lo que dijo Fernando Sánchez-Dragó después haber narrado con asquerosos detalles sus encuentros sexuales con niñas. Por lo demás, es tomarnos por idiotas: ya suponíamos que la cría que dice esas cosas es producto de la imaginación de la autora. Ocurre que se plantea a las jóvenes lectoras como modelo de conducta. Los títulos no dejan lugar a dudas.

Me resultan más respetables los alegatos que se basan en la libertad de creación. Otra cosa es que los comparta. Confieso que se me hace un mundo aceptar en nombre de tal principio que se haga la apología de comportamientos y pensamientos como los que contiene el libro. Mucho más, cuando la realidad nos está taladrando todos los días con infinitos episodios de acoso escolar de dolorosas consecuencias —suicidios, sin ir más lejos— y con una interminable retahíla de conductas machistas, incluyendo agresiones sexuales. No me tengo por especialmente mojigato, pero me parece que contrarrestar las de por sí poco eficaces campañas de concienciación con los mensajes exactamente en sentido contrario es hacer un pan con unas hostias.

Hay una última cuestión, muy personal, que no puedo dejar de mentar, aunque temo que aquí se perderá el tono moderado que he querido mantener. Me asquea lo indecible el ensalzamiento de los malotes porque resultan requetemolones. Quizá Tom Sawyer y Huckleberry Finn tengan un pase. Hasta donde yo recuerdo, eran gamberros con principios. Todas las pésimas copias que han venido después son pura pose de autores que van de enfant terribles y amiguitos supercomprensivos de los niños. Pero ya digo que habla mi bilis… Mejor me voy templando y les escucho. Es decir, les leo, como siempre, en el muro de Facebook.

[Si alguien tiene moral suficiente y tiempo, hay una youtuber llamada Haplo Schaffer que le dedica al asunto casi tres horas. Dice que no va contra la autora, sino contra la idea. Confieso que no lo he visto... y temo que no lo haré.]