Mostrando entradas con la etiqueta Extravagancias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Extravagancias. Mostrar todas las entradas

martes 12 de agosto de 2008

Filosofía natural


¿Qué lección o lecciones podemos extraer de esta foto que saqué ayer en los lagos de Covadonga?


Como siempre, espero vuestras atinadísimas interpretaciones de una imagen que, reconozco, podía haber sido mejor... pero entre mi astigmatismo y que me lío con el macro, no hago carrera.


(Os leo ya desde mi próximo destino o camino de él. Besos)

miércoles 30 de julio de 2008

A lo suyo


¿Encontráis, como yo, alguna similitud entre esta imagen y la de los obispos aburridos de Sidney que puse hace unos días?


Son miembros recién entrados al cuerpo que cantó Lorca en plena ceremonia iniciática, sin prestar ni pajolera atención a las palabras de la autoridad competente, en este caso, la vicepresidenta del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega.


La foto es de José Cuéllar, y aparecía hoy en El Mundo.

viernes 18 de julio de 2008

Ave María Purísima


Este blog se empieza a parecer a una versión moderna de Vacaciones Santillana. Después del ejercicio sobre el amor que os puse anteayer y en el que todos y todas habéis obtenido sobresaliente, os traigo una fotografía para que la comentéis.


Está tomada en Sydney durante las llamadas Jornadas de la Juventud a mayor gloria de Joseph Ratzinger, ahora llamado BXVI. No hace falta deciros que los que aparecen en la imagen son obispos.


Sólo una petición: sed respetuosos y respetuosas.

ACTUALIZACIÓN: Si os apetece, también podéis analizar (ejem) una noticia que he visto en un periódico familiar para mi.

miércoles 16 de julio de 2008

Dos mil pedacitos de papel





Do you love me?

Will you love me forever?
Do you need me?
Will you never leave me?
Will you make me so happy for the rest of my life?
(Meat Loaf: Will love me forever?)




Un inglés llamado Ted Howard ha pasado los últimos quince años de los 82 que tiene pegando los dos mil pedacitos a que habían quedado reducidas las 98 cartas de amor que le envió en su juventud a su esposa, Molly, fallecida en 2005.


Elige y razona una opción de entre las siguientes:


  1. Pobre viejo. No tenía otra cosa mejor en que pasar el tiempo. Le podía haber dado por hacer el Big Ben con palillos.
  2. Existe el amor para siempre.

domingo 6 de julio de 2008

Maneras de morir

Quiso volar, igual que las gaviotas,
libre en el aire, por el aire libre.
Y los demás dijeron: pobre idiota,
no sabe que volar es imposible.
(...)
Así termina la historia del idiota
que libre en el aire, por el aire libre,
quiso volar igual que las gaviotas,
pero eso es imposible.
(Alberto Cortez: Castillos en el aire)



Se me ocurren pocas formas más absurdas de morir que la que encontró el sacerdote brasileño Adelir Antonio de Carli, mártir de la navegación aeróstatica low cost y probable futuro patrón de los entusiastas irredentos.


A saber cómo se le metió en la cabeza al padre engancharse a mil globos multicolores de fiesta hinchados con helio para batir un récord extravagante y, de paso, sacar unos cruceiros para las buenas causas que atendía. A saber también dónde estaban a esa hora Dios y Santa Rita, la intermediaria de los imposibles, que dejaron que el viento del sur arrastrara al cura volador mar adentro, mientras cientos de curiosos que no olían que aquello iba camino de tragedia, le despedían con alborozado movimiento de manos al cielo.


Más de dos meses después de su desaparición, los sorprendidos tripulantes de un remolcador de la empresa petrolera Petrobas encontraron el viernes los restos del párroco que soñó ser gaviota a más de mil kilómetros del lugar de partida. Su último pensamiento -me apuesto lo que sea- fue un lamento por no haber hecho una tómbola benéfica corriente y moliente. Tal vez más tradicional, pero menos arriesgada.

domingo 25 de mayo de 2008

Lo peor no ha pasado

Todo en la vida es
como una canción
que cantan cuando naces
y también en el adiós
La la la la la la la la la la...
La la la la la la la...
(Massiel: La la la la)



Desgraciadamente, el puesto dieciséis no será el final. Aún nos quedan meses para demostrar que tendemos sin remedio al rebaño, al come y calla, al lo que diga el señorito, al guau guau con lametón sumiso y agradecido y, literalmente, a bailar al son que nos toquen. Ahora sí que deberíamos gritar todos sin excepción: ¡¡¡Beeeee!!!


Pensaréis que exagero, que he perdido definitivamente el sentido del humor, que debería relativizar lo que no deja de ser una pequeña gamberrada y ocuparme de asuntos con más sustancia. Pero ahí está el problema y el manantial de mi desazón: ¿cómo coño nos vamos a dedicar a tomar el palacio de invierno si no somos capaces de ocupar la casa de Pin y Pon?


Lo siento, pero este fenómeno -o lo que narices sea- ha llevado a máximos históricos mi desconfianza por la especie humana. En comparación, el aserejé -que me dejaba inmóvil incluso en momentos en que hubiera reventado el alcoholímetro más robusto- me parece un prodigio de profundidad intelectual y buen gusto. Ahora contemplo con nostalgia aquella tonada que tenía su punto de rito tribal, de conexión atávica con el primer lenguaje o, qué se yo, de exorcismo expresado en misteriosos sonidos de arquitectura cabalística. Y desde luego, ni en su letra (es decir, en su ausencia de letra) ni en su puesta en escena había nada digno de petar el correo electrónico de Emakunde. Ya, claro, en este engendro tampoco... Soy yo, que no veo como el recopón de la transgresión la imagen de unos floreros de carne alrededor de fulano que farfulla que no sé quién baila con las bragas en la mano.


Con el pesimismo que conocéis, me preparo para lo peor de lo peor, que en sí mismo no será la reproducción en bucle del bodrio original en garitos de garrafón a diez euros el trago, sino las versiones con que nos agredirán las orquestas pachangueras, los pseudohumoristas de las teles locales, los patéticos animadores de bodas y saraos varios y, por descontado, esa docena de coleguitas graciosos que sufrimos todos sin hemoal que nos alivie sus rigores. ¿Es que nadie ha pensado en hacer una consulta al respecto o, por lo menos, en pedir una condena explícita en la que ya hay en marcha? Yo sabría qué votar.


(PS: Los principios morales del autor -tan bajitos pero correosos como él mismo- le hacen imposible mencionar el título del zurullo musical del que se habla, así como el alias de su perpetrador. Pero... ¿A que todo quisque sabe a qué y quién se refiere? Eso es lo terrible.)

jueves 22 de mayo de 2008

Aquí no hay de eso

I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you
But I still haven't found what I'm looking for
(U2: I still haven't found what I'm looking for)

Supongo que la mayoría de los que tenéis blog conocéis el StatCounter, ese chivato que lo mismo te sopla cuántos pares de ojos se detienen, aunque sea un milisegundo, por tus escritos, que te los localiza en un mapamundi o te los divide entre partidarios de Firefox o Explorer. De todas formas, ninguna de sus prestaciones me parece tan divertida -a la par que ilustrativa- como el detalle de las palabras o frases puestas en la ventanita del buscador correspondiente (99 por ciento de las veces Google) que han servido para llegar hasta tí. En el caso de esta página, lo habitual es que la búsqueda sea mi nombre en diferentes versiones ortográficas. También hay quien trata de encontrar información sobre personas o asuntos que se han mencionado en alguno de los apuntes. Hasta ahí, nada soprendente; lo que no deja de maravillarme es cómo el azar y los misteriosos algoritmos pueden hacer que desembarquen visitantes que persiguen unicornios que nunca han pastado por aquí. Para que os hagáis una idea de lo que hablo, en la última semana me he dedicado a anotar algunas de esas búsquedas. Las comparto con vosotros/as, junto a mi duda sobre si los viajeros despistados habrán sido capaces de llegar a su destino después de comprobar que este blog no era el lugar para informarse sobre...


  • Cuartos para niños modernos y guays
  • Juaquinillo el feo
  • Cómo saber que gafas sientan bien
  • Maquetos de mierda
  • Puedo hacer puenting con una hernia
  • Cuánto tiempo he de estar sin las lentillas antes de graduarme para gafas
  • Hoja de reclamaciones de articulos de uso intimo
  • Bbk nómina cafetera
  • Ver video de peleas violentas de chicos con otros chicos
  • Lugar en portugalete donde se pueda hacer el pasaporte
  • Hay rebajas de pena cuando cumple años el rey
  • Amas de casa calenturientas

jueves 10 de abril de 2008

El frío infierno

Cae fuego en lugar de maná,
se disfraza el asfalto de mar,
el zapato no encuentra el pedal,
parece que anda suelto Satanás.
Canta Bod Dylan en el cassette,
tinta roja escrita en la pared,
un cadáver abraza el arcén,
parece que anda suelto Lucifer.
Un semáforo va a dar a luz,
una novia vestida de tul
se masturba sobre un ataúd,
parece que anda suelto Belcebú.
(L.E. Aute: Anda suelto Satanás)





Por motivos que muy pronto os contaré con pelos y señales, ando en pleno proceso de inmersión venezolana, lo que significa que exprimo parte de mi implacable insomnio chapoteando en diferentes cibercharcos de la República Bolivariana. En una de esas apneas, concretamente en las páginas del segundo periódico en ventas del país, temí que me había afectado la borrachera de las profundidades cuando leí: El Vaticano descarta que haya fuego en el infierno. Lo primero que pensé fue que lo del cambio climático se estaba poniendo serio de verdad, pero pronto comprendí que lo que trataba de contarnos el arzobispo Ravasi era que durante dos mil años nos habían estado tomando el pelo al amenazarnos a los polipecadores reincidentes con acabar como los cochinillos de Segovia, pues la realidad es que Satanlandia se parece más (ya que ponemos referencias castellanas) a Soria un tres de enero. Vamos, que fai un cutu que escarabaya el peyeyu y pinga el mocu, que se dice en asturianu.


Ya sé que a los pedazo de descreídos y ateazos que ficháis por aquí tanto os da pasar el castigo eterno cociendoos en vuestra salsa o ultracongelados como los palitos de cangrejo, pero al que suscribe, que tuvo un pie en el seminario, estas cosas le hacen pensar... y no bien precisamente. ¿Qué datos manejan los barandas de la fe para que les haya dado por volver a acojonar al rebaño? ¿Es pura política comercial para no perder cuota de mercado ante la pujanza del islamismo y su riquísimo catálogo de represalias y expiaciones para los desviados de la Verdad? Esto lo empezó, desmintiendo a su propio antecesor, el mismísimo Joseph Ratzinger (a.k.a. Benedicto XVI), y veo que lo continúa su mano ejecutora doctrinal, este tal Ravasi que a mí tanto se me parece -fijaos en la foto- a Carlos Dávila. Me divertirá el próximo capítulo, aunque algo me dice que la carco-curia pierde el tiempo atemorizando al personal con algo que ocurrirá en la próxima vida, a la altura del más allá, según se entra a la izquierda. Si en vez de tanto libro de onanismo teológico hubieran leído A puerta cerrada, hace tiempo sabrían que, con llamas sopleteras o con carámbanos de hielo, no hay parque temático de la tortura penitencial como el del más acá. El infierno, escribió Sartre, son los otros.

miércoles 19 de marzo de 2008

Mis gafas nuevas

No mires a los ojos de la gente;
me dan miedo, mienten siempre.
No salgas a la calle cuando hay gente,
¿y si no vuelves? ¿y si te pierdes?
Escóndete en el cuarto de los huéspedes,
con todo a oscuras no pueden verte.
Las calles se van llenando de gente.
En mi escondite puedes quererme.
Puedes quererme.
Quédate a mi lado.
Puedes quererme.
(Golpes Bajos: No mires a los ojos de la gente)

Seguramente influido inconscientemente por mi necesidad de ver las cosas de un modo diferente, el otro día me planté en una óptica y me compré unas gafas nuevas. Bueno, en realidad no fue tan fácil. Los diligentes profesionales se empeñaron en que debía graduarme la vista y me pasé media hora con la jeta apretada contra unos enormes binoculares tratando de adivinar qué letras ocultaban en su barriga las pulgas que iban pasando ante mis ojos, abiertos como los de Malcolm McDowell cuando le putean en La Naranja Mecánica. Total, para que al final consiguiese empatar el partido de la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo: Te vamos a dejar lo mismo que tenías para que no te notes raro, dijo la amable escrutadora de mis pupilas.


Iba a decir con mi característico e incomprensible sentido del humor que yo me noto raro lleve las gafas que lleve, pero se me quitaron las ganas ante la imagen de un ejército ordenadísimo de monturas que, tras invadir cada centímetro cuadrado de una mesa, aguardaban que me las fuera probando. No habría más de veinte, pero a mí se me antojaron seiscientas. Busqué la comprensión de Isabel -los más cercanos ya saben quién es-, pero lo que encontré en mi compañera fue el gesto de incontrolable emoción que se le pone un minuto antes del comienzo de un episodio de Urgencias, su serie favorita. Estaba lista para el espectáculo de ver cómo la cara de acelga que lleva soportando veinte años a la izquierda de la almohada se transformaba con cada cambio. Como no tengo nada en común con Elton John, decepcioné una vez más a mi partenaire y, con gesto de jefe de personal que sabe a quién tiene que echar a la calle, apunté con el dedo: me voy a probar esta, esta, esta otra... y esa. Las tres primeras iban de paquete en la elección. Yo sabía con cuál me iba a quedar, y me reafirmé cuando dos voces femeninas aprobaron: Te quedan muy bien (la óptica); Pssé, esas no están mal. Estás... [pausa dubitativa] guapo. (Isa). Oier, fuera de concurso, remató: ¡Qué feo estás, aita! Hay que entender a un Vizcaíno -o ser uno de ellos- para saber que era su forma de decir que esa era la montura adecuada.


Cinco días y trescientos euros después, pude comprobar que con unas gafas nuevas se ven los objetos más claros pero las cosas siguen estando igual de desenfocadas. No hacen lentes para dentro del coco, y si las hacen, se llaman Prozac, y no me apetece probar. Me conformé con el pequeño cambio exterior y me preparé para el próximo experimento: ¿Cómo reaccionarían quienes me ven a diario? Hice una quiniela mental y al día siguiente -ayer- me encontré casi con un pleno al quince. Casi, porque hubo personas que no esperaba que reparasen en mi nueva jeró y sí lo hicieron. Los demás respondieron de acuerdo a lo pronosticado: los que se dieron cuenta a la primera y lo dijeron, los que se dieron cuenta también a la primera y lo obviaron, los que me veían algo extraño y no atinaron a decir qué era y quienes -siempre de acuerdo a mi vaticinio- cayeron varias horas después. Bendita previsibilidad. O maldita, según las gafas con que se mire.


(Nota: La ilustración de este apunte corresponde a una brillantísima campaña publicitaria de la que tuve noticia gracias al gran LoveOf74. La diferencia entre ángel del infierno o diseñador de moda, chica fácil o imposible, puede estar en unas simples gafas. ¡Y vosotros, todavía con lentillas, o desertando de entre los miopes a base de cirugía!)

martes 26 de febrero de 2008

¡Pírate, gilipollas!

video

Nos habían contado que Nicolas Sarkozy era la esperanza de Occidente, el Hombre-de-Estado del siglo veintiuno, el arcángel de la nueva forma de hacer política y veinte o treinta maravillas más. De momento, lo que nos ha enseñado es que le tira la sisa a la altura de la ingle, que es capaz de comparecer en peculiar estado de excitación ¿espirituosa? ante la prensa de todo el mundo o que no pierde la sonrisa cuando llama gilipollas -de nuevo en público- a un ciudadano que no le había querido saludar, hazaña que remata negándose a pedir disculpas. De acuerdo que todos tenemos un conocido así, pero ninguno es Presidente de la República Francesa.

sábado 23 de febrero de 2008

Contar estrellas

Rastro, huella de los pasos errantes,
del buscador de señales.
Nunca el tiempo es perdido;
es sólo un recodo más en nuestra ilusión ávida de olvido.
(Manolo García: Nunca el tiempo es perdido)


Aunque a veces disimule, no soy un ser nada práctico. Sería dramático hacer un destilado de mis cuarenta años para comprobar, seguramente, que a reloj parado (como en el fútbol sala, Mikelaz) apenas habré sido medianamente útil durante... ¿un par de años? ¿tres? Todo lo demás ha sido tiempo perdido esquivando la línea recta, extraviándome en las más absurdas circunvalaciones, haciendo caridad con las musarañas siempre necesitadas de alguien que repare en ellas y les guiñe un ojo, o dando conversación a mis monstruos interiores con la esperanza -¡seré idiota!- de que iba a ser capaz de domesticarlos. También he tirado lustros y dioptrías a la basura leyendo libros que olvido en cuanto los termino, viajando a lugares cuyos nombres y paisajes forman una grumosa bechamel en mi memoria o -esto tal vez me joda un poco más- compartiendo cafés, fluidos, miedos, ocurrencias y silencios con personas que en este segundo (y algunas aún ya entonces) me importan un tercio de pito, IVA incluido.


Si empezáis a preguntaros a santo de qué viene todo esto, me adelanto a aclararos que no hay ningún propósito, tesis o moraleja. De eso van o intentaban ir, precisamente, estas líneas aún más prescindibles que todas las que llevo arañadas en esta espalda con forma de blog. Otra vez estoy haciendo virutas con el humo de los minutos que probablemente debería invertir en asuntos de provecho como preparar la entrevista de mañana, ensayar ante el espejo la sonrisa con la que voy a seguir engañando a los que se dejan engañar, calcular para qué me llega con el plan de pensiones, afeitarme o, aunque sea, hacerle las ingles brasileñas a mi melancolía, no sea que le hagan una oferta para el póster desplegable del Playboy.

Lo peor o, en mi versión, lo mejor, es que no siento el menor de los remordimientos por entregarme -¡y en público!- a esta deconstrucción adrianesca del reloj que me lleva a ninguna parte, que es exactamente el lugar donde más me apetece estar. Si me habéis acompañado hasta aquí, perdonándome que hoy no os eche, por ejemplo, las migajas de campaña electoral previsibles, tal vez sea porque tenéis en común conmigo la necesidad de escapar, aunque sea por un rato, de la dictadura de lo servible. No os avergoncéis por ello. Si la carne es débil, el espíritu le dobla la apuesta. Podéis reflexionar sobre ello si me seguís a la próxima actividad absolutamente inútil en la que proyecto enrolarme: ¿Qué tal se os da contar estrellas?

jueves 17 de enero de 2008

Alguien te está mirando... siempre

There's always someone looking at you.
S-s-s-s-someone.
They're looking at you.
(Boomtown Rats: Someone's looking at you)


Mientras Julen Iturbe-Ormaetxe se deja la garganta y las yemas de los dedos clamando por una empresa abierta donde los pajarillos canten y las nubes se levanten (¡alupé, sentadita me quedé!), los esbirros de Bill Gates se afanan en poner a punto la versión informática del auténtico Big Brother. Si la cosa es como la cuentan The Times, El Mundo o -barramos para casa- Eitb24, los barandas amigos de los jueguecitos tecnológicos están a un cuarto de hora de ver cumplidos sus más lúbricos sueños de control sobre sus subordinados.

Allá por la prehistoria, en lo que hoy me parece una vida anterior, tuve un jefe que iba poniendo la palma de su mano en cada silla vacía que encontraba para que la temperatura le chivase cuánto tiempo hacía que se habían despegado de allí los glúteos de su ocupante. Lástima que se haya jubilado, porque nadie disfrutaría tanto como él comparando sus paranoias con los soplos de este espía hecho a base de ceros y unos, que es capaz de detectar la frustración y el estrés del currela con sólo tenerlo a tiro. Supongo que la lectura del pensamiento es el paso siguiente... si no se ha conseguido ya.

Podéis achacárselo a ese pesimismo del que ya os he hablado, pero me da que pronto se nos va a terminar la fiesta de las Nuevas Tecnologías al servicio de lo mejor de nosotros mismos. Aunque es muy bonito soñar que los blogs, las wikis o los facebooks van a traernos la libertad, la igualdad y la fraternidad prometidas dos siglos atrás, tiene toda la pinta de que estamos siendo las cobayas de un experimento. En cuanto se demuestre que es útil y rentable, tendremos que devolver el trigo a su dueño.

jueves 3 de enero de 2008

El sexo de las moscas

Tengo en una caja
metidas unas mocas porque...
Tengo moscas pequeñas
tengo moscas grandes, ¿y qué?
(Golpes Bajos: Colecciono moscas)


Aún sin despertar del todo, mis cuatro neuronas de guardia se han tenido que esforzar a fondo para comprender lo que han querido demostrar unos científicos -genetistas, creo- de la Universidad de Penn State (Pennsylvania). Amparados por su bata blanca para no pasar por gamberros infantiles (ya he visto yo a algunos críos de mi generación ahogar insectos en vino), se han dedicado a encogorzar durante meses moscas de la fruta y parecen haber descubierto que los bichitos con dos chupitos de más se ponen pilongos con los ejemplares de su mismo sexo.

No dudo del buen fin de la investigación, aunque también temo sus consecuencias. Poco tardará cualquier Aquilino Polaino en afirmar que ha quedado probado que la homosexualidad es una especie de borrachera que viene de serie y que se puede curar al estilo tradicional, o sea, metiendo la cabeza en agua helada y tomando medio litro de café con sal. Yo, que no tengo el título de licenciado en Biología como gure Mikel (tampoco el de Mister Euskadi, qué le vamos a hacer), me atrevo a sacar una conclusión alternativa del experimento: lo que les ha pasado a las moscas es lo que a cualquier cuñado soso que después de atizarle al Paternina a discreción se afloja la corbata negra y se entrega a una insinuante interpretación del I wanna be loved by you de Marilyn. Vamos, que las pobres criaturas, encorsetadas por su triste vida prófuga de manotazos y rociadas de Raid, se han soltado la melena o las alas gracias a los vapores etílicos y han dado rienda suelta a sus auténticos instintos.

El alcohol desinhibe, ¡menudo descubrimiento! Sinceramente, me parece un mayor hallazgo -y desde luego, con más desarrollo práctico- el de unos investigadores de la Universidad alemana de Wuerzburgo, que han provocado kurdas a las moscas, no para ver con quién se lo montan, sino para encontrar un remedio que acabe con las resacas. ¡Eso sí es ciencia!

jueves 13 de diciembre de 2007

Calendarios

Tiempo es una palabra que se enciende y que se apaga.
Ni se tiene ni se atrapa; no se gira ni se para. (Jarabe de Palo:
Tiempo)

Nuestros antepasados trataron de domesticar el tiempo partiéndolo en trocitos manejables que etiquetaron antes de condenarlos a cumplir cadena perpetua en una cárcel de celdas infinitas llamada calendario. Lo que no sospechaban era que ese intento de ordenar el caos y tener controlada la eternidad acabaría sirviendo como coartada para dar rienda suelta a la imaginación y al exhibicionismo, ayudar a vender buenas y no tan buenas causas, decorar con tonos verdes cabinas de camiones, tascas y talleres mecánicos o, simplemente, procurarse el ansiado cuarto de hora de fama del que habló Warhol.
Creo, de hecho, que ahora mismo es eso último lo que hay detrás de la mayoría de almanaques que salen de las imprentas: curas que están como Dios, azafatas a prueba de jet-lag, amas de casa que envenenan los sueños de Kanif, arraunlaris que invitan a naufragar, o bomberos que provocan más fuegos de los que apagan compiten por adornar nuestros días futuros desde la pared.
Esperaré a ver qué más sale de aquí a fin de año, pero yo, que me voy haciendo más convencional con la edad, supongo que en 2008 volveré a confiar mis plazos pendientes y mis planes previsiblemente incumplibles a uno de esos calendarios con imágenes bucólicas que provocan tumultos de jubilados el día de su reparto en las cajas de ahorros. Eso, en casa; al curro llevaré de nuevo -llamadme moñas si queréis- el semiartesanal ilustrado con momentos irrepetibles de mi pequeñajo. Y cuando necesite recordar que tras la pantalla del ordenador hay algo más que ceros y unos, buscaré aquí mis próximos lunes, miércoles y viernes. Se admiten otras sugerencias...

sábado 8 de diciembre de 2007

Gilipollas Caraculo, Antonio

Dime tu nombre y te haré reina en un jardín de rosas. (Duncan Dhu: Jardín de rosas)

Iñaki Murua me acaba de hacer alucinar en cinemascope con Dolby Surround al descubrirme dos historias de esas que en la vieja prensa solían venir bajo el epígrafe Mundo insólito. Pero como todo es superable, lo del pobre actor en semipelotas detenido por la Ertzaintza y lo del bombero al que le ha salido carísimo su onanismo altruista se me antojan pequeñeces al lado de la pesadilla entre kafkiana y dantesca que está viviendo el ciudadano Antonio Bandín Moreno.

Como sabréis a estas alturas la mayoría, ese es su nombre real, pero para los restos quedará como Antonio Gilipollas Caraculo por culpa de un anónimo empleado de la empresa que tramita las facturas de Gas Natural que se sintió chistoso y cambió los auténticos apellidos del sufrido abonado por los dos contundentes epítetos. Seguramente, todo habría quedado en un berrinche anónimo si a la víctima del guasón no se le hubiera ocurrido dar tres cuartos al pregonero, o lo que es lo mismo, denunciar la vejación onomástica ante los medios de comunicación. Si quería taza, ahora Antonio tendrá que acarrear con toda la cafetera y allá donde vaya será saludado por el alias que le puso el auxiliar administrativo bromista. Definitivamente, hay remedios que son peores que la enfermedad. Tomad nota por si os pasa: es mejor dejarlo correr, porque en el momento de redactar esto, la búsqueda de "Gilipollas Caraculo" en Google arroja más de veinte mil resultados...
...y sólo un día después, ¡253.000!