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martes 13 de mayo de 2008

Basura





Bueno, ya está bien,

parad de una vez.
¿Nos tomáis el pelo?
Pero, ¿qué os creeis?
Bueno, ya está bien,
parad de una vez:
¡Esta vez sabremos qué hacer!
(Celtas Cortos: Ya está bien)





57 medios que se dicen de comunicación se rasgan las vestiduras y claman con vocecita de cordero degollado que se cierne sobre ellos la censura previa. Eso, cuando se disfrazan de víctimas; si aparecen tocados de sans culottes reivindicadores, levantan el puño y berrean que derramarán hasta la última gota de su sangre para defender la libertad de expresión amenazada. Tendría un pase si no fuera porque los pretendidamente ofendidos y ultrajados se quejan -hay que tener pelotas- porque una mujer, que bastante desgracia tiene con ser cuñada de Felipe de Borbón, ha pedido que la dejen en paz.


De nuevo siento que no soy de los nuestros, es decir, de esa manada de carroñeros tan mal acostumbrados, que piensan que se puede organizar una cruzada contra alguien que no está dispuesta a dejarse sobar por sus pezuñas. Es como si los chorizos montasen la bronca porque tanta puerta blindada les dificulta ganarse las alubias. Me iba a preguntar en qué país vivimos, pero ante lo resbaladiza que podría ser la respuesta, me callo, eso sí, negándome a otorgar que valga todo para saciar el ansia de basura del populacho.


Y conste que sí pienso que la censura previa nos sobrevuela y que la libertad de expresión está coartada, entre otras muchas cosas, porque nadie nos cuenta qué mierda de condiciones laborales aceptan los becarios sin pedigrí y trepas alevines que los señores de la bazofia rosa mandan a morder los tobillos de la cabaña famosil y porque tampoco he visto nunca en ningún colorín los desmadres diurnos o nocturnos de los dueños de esas agencias -puaggh- de prensa del hígado.

lunes 31 de marzo de 2008

Mi brindis por los 25

Partitzeko prest nago
itsasgora hartzeko
ekaitza etorri baino lehen,
zeren berriz berpiztu naiz, berriz argi naiz
berriz jaio naiz
eta ez dut inondik nahi, hilik bizi nahi
itzaletan zain.
(Bide Ertzean: Berriz berpiztu naiz)


Previsible... pero inevitable. En el día en que la actual Radio Euskadi cumple veinticinco años no puedo escribir de otra cosa que no sea el lugar donde se ha ido quedando la mitad de mi vida y donde ahora sé que quiero que se quede el resto.

Me bastan unas líneas, las suficientes para levantar la copa de mi cóctel de palabras y silencios favorito y brindar por todas y cada una de las personas que me han acompañado durante un trecho de este camino que aún no sabemos a dónde lleva y, tras añadir unas gotas de angostura de esperanza al combinado, por las que se sumarán en ese futuro que empiezo a acariciar con impaciencia.

miércoles 26 de marzo de 2008

Cómo empezó todo

Lurraren azala ximeldu zen
harrizko uhinak, plastikozko mende
infinitora narama, ni naiz Ulises
planetaren hautsak haizeak
zabaltzen ditu orbean
Itzalean logelan flexoaren ondoan irratia
bihotz baten taupadak nahasten ziren
Radio Lisboaren emisioez
gauaren azken mugetan... mugan
(Itoiz: As noites da Radio Lisboa)


Vosotros lo habéis querido. Los últimos comentarios al apunte anterior han abierto la gatera de mi memoria y me han saltado al regazo decenas de recuerdos ronroneantes. En un segundo he vuelto a ser el niño de las gafas de pasta de la foto que conocéis, caminando hacia cualquier sitio de la mano de mi viejo un domingo por la tarde, mientras una radio -el transistor la llamaba él- protegida por una funda de cuero negro echaba al aire el Carrusel Deportivo de la Cadena SER, con Vicente Marco, Juan Vives y Joaquín Prat. Cada vez que sonaba el pi-pi-pi-pi-pi-pí que precedía a un gol en La Condomina, Altabix, Riazor o la Nova Creu Alta, nos parábamos en seco y no reanudábamos la marcha hasta que el locutor pronunciaba, con bastante menos inversión de decibelios que ahora pero con más emoción, el nombre del autor del tanto: Santillana, Cruyff, Amancio, Carlos, Rojo Segundo, Iriarte, Marañón, Biri-Biri, Quini, Solsona, Idigoras, Heredia, Roberto Martínez, Rubén Cano... Un orgullo especial si marcaba un tal Vizcaíno, del Sabadell; una risa si el goleador tenía mote zoológico (Lobo Diarte, Ratón Ayala); perplejidad al escuchar la palabra oriundo; un codazo cómplice si anotaba un jugador del Atlético de Madrid llamado Marcial, como mi padre, que se encogía de hombros cuando me preguntaba como quién de esos futbolistas quería ser de mayor y yo le contestaba que prefería ser el que cantaba los goles.


Cambio de plano. Estoy en casa, en pijama, peleándome contra las ingobernables páginas de La Gaceta del Norte, mientras mi ama recoge los platos (Duralex, por supuesto) de un escurridor de rejilla. Canturrea La chica del diecisiete, dónde se mete, de dónde saca pa' tanto como destaca o una tonada a la que, con los años, me ha parecido encontrarle un doble sentido que no creo que la mujer sospechase: Isabelita me dio una nuez, cáscamela, ¡ay! ¡Cáscamela otra vez! Una traqueteante lavadora de carga superior con desagüe en un cubo de plástico pone la percusión, pero en el mismo instante en que una voz anuncia el comienzo del capítulo mil nosecuántos de Simplemente María, mi madre se seca las manos en el delantal, coge la radio -sí, el mismo transistor de los partidos- por el asa de cuero negro, sale de la cocina, cierra la puerta, y corre hacia la sala, donde le aguarda una montaña de ropa que planchará en un silencio que sólo rompe para decir de tanto en tanto ante mi cara de entusiasmo por los diálogos: estas cosas no son para niños, no debería dejarte escuchar la radio a estas horas.


Nueva escena. Por la noche, creo que algo más mayor, desde luego, ya con Franco muerto. Mi viejo ronca desde hace un rato con Hora 25 como banda sonora. Si sé evitar a tientas las maderas del suelo de su habitación que crujen, puedo deslizarme hasta la mesilla y robarle el objeto de mis deseos y de mis desvelos. Sí, literalmente de mis desvelos, porque una vez que tengo aquella maravilla en mi poder, me voy a mi cama, me arriesgo a la asfixia metiendo la cabeza bajo la almohada para amortiguar el sonido de forma que no moleste a mis dos hermanos mayores, y me quedo despierto escuchando, por este orden, a Martín Ferrand, José María García, Antonio José Alés, y Cholo Hurtado, al que tenía que buscar en una frecuencia lejana, porque por entonces Radio Bilbao dejaba de emitir a la una de la madrugada. No pocas veces, cuando mi padre, recién levantado, entraba jurando en gallego por lo bajini a recuperar la radio a las seis y pico, me pillaba todavía con los ojos abiertos escuchando a... ¡Florencio Torre Lledó! Como nunca supo echarme broncas, todo lo que alcanzaba a decirme era Hijo, un día nos vas a dar un disgusto, estás como una regadera rusa. Anda, duérmete y que no se entere tu madre. Y yo le hacía caso. Tenía dos horas y media para soñar que era yo el que hacía cualquiera de esos programas antes de que ama viniera a retirarnos dulcemente las mantas exactamente en el momento en que empezaba La Saga de los Porreta.


No me alargo más. Podría describiros un cuadro parecido con cada programa, cada nombre o cada sonido que ha tenido algo que ver en lo que hago ahora, en lo que soy ahora. Si los pongo en orden -más o menos- cronológico, la coctelera devuelve algo parecido al daguerrotipo de mi alma. Prescindo de negritas y cursivas y vierto sin más miramientos la poción mágica, compuesta entre otros ingredientes por: la sintonía de Radio Popular tocada con un txistu, Discomensaje, La Hora Trece, el rey Baltasar diciéndonos que nos portásemos bien, el consultorio de Elena Francis, el marcador simultáneo Dardo, el anuncio de boquillas Tar-Gar, Pasajeros de la Felicidad, El Club del búho rosa, Vuelo 605, Batería y contrabajo, otro también de Pío Lindegaard hablando los mil idiomas que sabía, Onda Pesquera, Bengoa Zubizarreta anunciando el Premio Holanda, Radiogaceta de los deportes, Ana Blanco en Los Cuarenta Principales, Félix Linares haciendo la crítica de las pelis que daban por la tele con Mari Carmen Navarro, El sillón de terciopelo verde, El pájaro nocherniego, El loco de la colina, Alborada, Meridiano de Londres, Caravana de hormigas, El último gato con Aberasturi, Tiempos Modernos, Pabellón de insomnios (T'estimo, Poblet), la tertulia Cuatro en el área (¿eh, Latxaga?), los primeros bacalaos de Fede Merino, Cristina Ardanza en la 89 y medio, Levando anclas, Pompas de papel, El primero de la mañana, Crónica del alba, José Manuel Parada cuando no era tan freaky, Cebrián en Turno de Noche, Urdaci (sí, Alfredo) desde Roma para Radio Nacional, Clásicos populares, Hoy no es un día cualquiera (je, ahora competencia de MQP), El Tintero, la Radio de Julia, Moso en La noche la Iguana, también en Radiotxok, la historia secreta del rock de La Jungla sonora... y los míos: Intermedio, Euskal Graffiti, Hamaiketako, Contra Corriente... ¡Bufff! Como os he dicho, vosotros lo habéis querido. Ahora ya sabéis cómo empezó todo.

domingo 23 de marzo de 2008

Alguien te está escuchando

Video killed the radio star.
Video killed the radio star.
Pictures came and broke your heart.
Oh-a-a-a oh
And now we meet in an abandoned studio.
We hear the playback and it seems so long ago.
And you remember the jingles used to go.
You were the first one.
You were the last one.
(The Buggles: Video killed the radio star)


[Como no he podido regalarle por su cumplesiglos a Mikel Eztabai la pregunta a los políticos que me pedía, me acojo la segunda oportunidad y envuelvo en papel con monigotes pacifistas este apunte sobre el ¿incierto? futuro del medio que, además de estas páginas en la cibercasinada, nos une. Dejo, pues, para mejor ocasión las sugerencias de Quecaro, Balen y Kanif, aunque no estoy seguro de que lo que escriba en las próximas líneas responda a lo que estaba en la cabeza de nuestro cascarrabias favorito ni a las curiosidades del misterioso (o misteriosa) Anónimo Imperativo.]


Me parece un asunto apropiado para un domingo de Resurrección, porque la radio lleva diñándola y desperezándose como si tal cosa al tercer día, por lo menos, desde aquellos setenta de pantalones pata de elefante y fiebre del sábado noche. Ni os imagináis la cantidad de Nostradamus con licencia para escribir libros sobre comunicación que juraban haber visto entre los posos del café el inminente certificado de defunción. Luego, como en la canción de Peret, resultaba que no estaba muerta, que tan sólo se había ido de cañas con el tal Blanco Herrera.


Yo mismo vivía con angustia esos vaticinios cenizos y empezaba cada temporada llevando el traje negro a la tintorería por si me tocaba ir de entierro en los meses siguientes. Los años me han enseñado que la radio es como los carcamales de la gerontocracia de la antigua URSS, cuyas autopsias refrendaban que tenían una salud estupenda hasta que un día, cuando ya nadie lo esperaba, estiraban la pata tan ricamente. Por eso vivo cada segundo de mi profesión como si fuera el penúltimo. Por eso dedico veintitrés horas y cincuenta minutos sobre veinticuatro a pensar en ella, a quererla más, a odiarla a veces, a creer que la comprendo, a saber que nunca lo haré, a jurarle que no la abandonaré, a pensar cómo preparar las maletas sin que se entere, a inventarme una buena excusa por si después de marcharme tengo que volver. Por eso llevo tan mal mirar a mi alrededor (en un espectro que va desde los 88 megahercios hasta los 108 en FM y desde los 522 kilohercios a los 1620 en AM) y comprobar que los que tienen que mantener con vida a la enferma siguen pensando en cuánto ego y cuánta pasta le van a poder sacar antes del último aliento.


No, Mikel: a la radio no la matará el video, ni internet, ni lo que sea que inventen pasado mañana. La amenaza no está fuera. El tiempo me ha demostrado que los que no nos escuchaban cuando tenían quince nos prestan la oreja a los veinte, los veinticinco o los treinta. Basta con que sepan -que sepáis- que estamos ahí. Un día u otro acabamos coincidiendo en el aire. Me preocupa mucho más el enemigo interior, el caballo de Troya relleno hasta las cartolas de mediocre indiferencia, egolatrías con elefantiasis, grises contables que no paran de calcular a cuánto les sale cada palabra y que siempre les parece poco, envenenadores de sueños, alevines que usan el cuchillo como escalera a la Champions League cuando sus facultades les podrían llevar al mismo destino sin necesidad de matar ni herir a nadie, almas cándidas que se dejan utilizar como taburete para la gloria ajena a cambio de dos palmadas y un caramelo o, por no hacer la lista interminable y también por incluirme, perseguidores de imposibles con tendencia a la melancolía contagiosa.


De todas formas, y aunque parezca una contradicción después de haber descrito el apocalipsis, no dramaticemos. No somos el ombligo del mundo, y el inventario de monstruos que acabo de hacer no es muy diferente al que cada uno de vosotros podría identificar en su profesión, especialmente si la tenéis como algo más que una forma de pagar la hipoteca, la banda ancha y un par de rondas. Mi aprendizaje más valioso en los últimos meses es que eso simplemente existe y que, por mucho que joda apoquinar la factura, es un chollo comparado con la contraprestación: encontrarse al otro lado, o tal vez a este, con vosotros y sentir que se hace realidad el mejor nombre de programa de los veinticinco años de la actual Radio Euskadi, el de mi admirado Pablo Cabeza: Alguien te está escuchando.

sábado 1 de marzo de 2008

Noticias y Nuevas

Hoy dijo la radio
que han hallado muerto al niño que yo fui,
que han pagado un pasote de pelas
por una acuarela falsa de Dalí.
Que ha caído la bolsa en el cielo,
que siguen las putas en huelga de celo en Moscú.
Que subió la marea,
que fusilan mañana a Jesús de Judea,
que creció el agujero de ozono,
que el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000.
(Sabina: Eclipse de mar)


En buena parte de los idiomas del mundo, incluido el euskera, la palabra noticia equivale a Nueva o Novedad. Ocurre así que en incontables ocasiones, los que nos dedicamos a echarlas a volar por ahí damos gato por liebre, pues lo que prometemos como recién hecho no es más que un congelado con dos minutos de microondas y un poco de alioli para disimular el añejo. La suerte que tenemos es que no hay paladares entrenados para distinguir las novedades de pata negra de la papilla de fletán envasada al vacío (mental) que servimos en nuestras expendedurías.

Sin embargo, de cuando en cuando, al pesar el género antes de regalárselo carísimo al cliente, tenemos la sospecha de que -probablemente por error o estadística- estamos despachando material auténtico, casi puro y casi genuino hecho inédito. A mí me ha asaltado la duda cuando he visto expuesta en el escaparate de la tienda donde yo también soy dependiente una mercancía con la siguiente etiqueta: ANV de Derio muestra su "más contundente rechazo" ante el atentado. Probadla y contadme: ¿También a vosotros os sabe a nuevo?

lunes 25 de febrero de 2008

Fotos y votos

All you have to do is close your eyes
and just reach out your hands and touch me.
Hold me close don't ever let me go.
More than words is all I ever needed you to show.
(Extreme: More than words)


Durante mi cada vez más lejano barnizado universitario me tuve que tragar -y hacer como que me creía- un sinfín de pintorescas teorías que pretendían demostrar que una arruga de más en la camisa o la frente del candidato le condenaba sin remedio a palmar en las elecciones. Con un tono visionario no muy diferente al de los que van de puerta en puerta anunciando el inminente fin del mundo, los apóstoles de la religión semiótica negaban el libre albedrío de la lerda masa votante y sostenían con la mirada perdida en el infinito que unas canas, un hoyuelo en la barbilla o el ángulo de arqueo de una ceja eran el único aliento que empujaba las papeletas al fondo de la urna. Los programas, la ideología y los hechos conocidos del aspirante eran puro atrezzo en este guiñol manejado por control remoto.

Por lo que veo, el paso de los años no sólo no ha acabado con esta moda de lectores de la buena ventura en los carteles, sino que los ha elevado a la categoría de gurús. Hasta los partidos que no tienen para alquilar una megafonía decente con la que hacer llegar su mensaje se dejan los cuartos en engañabobos que les cuentan, con guarnición verbal esotérica, lo mismo que cualquier amatxu: no te lleves el dedo a la nariz, ponte bien esos cuellos, so Adán, o hija, esos colores no te favorecen nada. No hay que tener ningún máster en consulting o bautizarse asesor de imagen para barruntar que unos sobacos chorreantes a lo Camacho o un moco haciendo rapel en la aleta de la napia no ayudan a ganarse consideración social.


Todo esto me vino a la cabeza ayer, durante la mesa A Tres Bandas de MQP, cuando nos entregamos (con servidor en la vanguardia) a un imaginativo escrutinio de las fotos que ha publicado en primera El País estos dos últimos domingos. En la de José Luis Rodríguez Zapatero y Sonsoles Espinosa vimos una cierta superioridad casi protectora de la esposa del presidente español, mientras que en la de Mariano Rajoy y Elvira Fernández percibimos las tornas cambiadas: es ella quien parece buscar refugio en el hombro de su marido y en ese brazo al que se ase delicadamente.


Podría seguir el análisis hasta el sobresaliente, pero me temo que a partir de ahora, el trabajo es vuestro. Os ha caído un examen-sorpresa de semiótica. Las preguntas son estas: ¿Qué veis en las fotos hechas por Marisa Flórez y Gorka Lejarcegui? ¿Hay alguna intencionalidad por parte de El País en su publicación? ¿Creéis que pueden mover a alguien a votar o a dejar de votar a cualquiera de los candidatos?

jueves 14 de febrero de 2008

Fuera de micro

video

Ni sé las veces que me ha bajado un sudor helado al imaginarme que algo dicho con la luz roja apagada ha llegado al otro lado. No hables nunca ante un micrófono cerrado recomiendan los que más escamas tienen en este oficio. El consejo es de imposible cumplimiento, como prueba que hasta a uno de los más grandes le puedan cazar en un vis a vis durante los créditos.

Lo mejor, sin duda, es cómo lo ha resuelto Iñaki: empezando su propio informativo con el vídeo y sentenciando que contra la exageración no hay nada como la información. Cuando a Federico le pillaron cotilleando con Rajoy sobre la presunta homosexualidad de Encarna Sánchez, el turolense se agarró un rebote del nueve largo y hasta amenazó -lo tengo grabado- con poner cámaras para captar a Mamen Mendizábal hurgándose la nariz o el canalillo (sic).

domingo 10 de febrero de 2008

Un cateto con boli

Y que nadie te hace caso, y que nadie te comprende,
y que mamá no te quiere, y que papá no te quiere,
y que nadie te da un beso, y que nadie te acaricia.
Eres un idiota porque nadie te la toca.
(Los Ronaldos: Idiota)


Desde mucho antes de apuntarme como voluntario a la farándula paralela que conformamos los cuentacosas, he sentido una mezcla de fascinación y ternura por los periódicos de provincias, que vienen a ser a la comunicación lo que el chándal con tacones a la elegancia. Me apresuro a aclarar que no hablo de la noble prensa local que suple con voluntad la falta de medios, sino de esos diarios que mandan imprimir los caciques del terruño -generalmente constructores con mano en todas las recalificaciones en cien o doscientos kilómetros a la redonda- a la mayor gloria de sus egos y de sus negocios. Si, como yo, tenéis un paraíso con moscas y vermú de obligado cumplimiento donde perderos en verano, sabéis que me refiero a los papeles que acumulan grasa yendo de mano en mano en la única tasca del pueblo y que alcanzan su máxima utilidad cuando envuelven los puerros que aromatizan nuestro viaje de vuelta al asfalto.


Para llegar antes de las uvas a lo que os quiero contar, paso por alto sus geniales titulares de primera y sus fastuosos reportajes a doble página sobre exposiciones de macramé en cualquier pedanía remota, y me detengo en las páginas que pomposamente llaman de opinión. Con honrosas excepciones, esas hojas que no leemos más que los turistas ociosos las llenan ególatras con graforrea, cuya ausencia total de pudor les lleva a firmar lo mismo odas a la hija de un concejal nombrada democráticamente reina de la belleza que descarrachantes análisis sobre la influencia de las primarias de Estados Unidos en la política de la comarca. Son catetos con boli que llegan a los ochenta años soñando con ser Cela, Umbral, Campmany o Ussía (nótese el descenso de calidad literaria que va de nombre a nombre) y que, en el mejor de los casos, alcanzan un par de segundos premios en juegos florales patrocinados por la caja de ahorros de su provincia.


Me complace presentaros a uno de estos ejemplares. Se llama Antonio Civantos y, según me ha contado google, ha juntado unas cuantas letras en su vida, incluyendo (jua, jua, jua, jua) una novela negra. Yo me lo he encontrado esta mañana en La Opinión de Zamora. Os invito a descodificar sus regüeldos sintácticos al completo, aunque por si dejara de funcionar el enlace, me permito copiar y pegar algunos de ellos. Si no os sentís con cuerpo, dejadlo para otro rato. Ahí van:


"Si, como dice Cañete, a las ecuatorianas les salen baratas las mamografías, para mí que las nekanes del PCTV y ANV deberían pagar el triple por el servicio. Y es que no se pueden comparar unas cosas con otras. Las mujeres ecuatorianas son bastante discretas y recogidas, monillas en general, pero más bien parcas en todas sus pertenencias. En cambio, amigos míos, esos cetáceos del norte, con esos lomos y morcones, y esas ubres lácteas y acalostradas, deberían abonar el triple de la tarifa normal. La verdad, no sabría uno donde encasillar a estas vascas, anatómicamente hablando. Y eso que los del Ministerio de Sanidad han establecido tres baremos corporales para catalogar a las mujeres españolas: diábolo, cilindro y campana. Sin embargo, las vascas de la izquierda aberchale no responden a la sensibilidad de estas medidas. A no ser, claro está, que las vascas no sean españolas. Cosa que dudo mucho. Al menos, no deberían haberlas discriminado de esa guisa, pues con añadir otro parámetro a la terna tipológica española todas hubieran quedado contentas. Por ejemplo, no se hubiera provocado ningún conflicto si las hubieran dividido en: diabólicas, cilindrínicas, campanudas y cetácicas. Las diabólicas son aquellas que te hacen la vida imposible, me refiero a esas mujeres fatales de las películas que al final siempre consiguen matarte de asco. Las cilindrínicas son las mujeres que fuman como chimeneas, ennegreciéndote la vida para siempre. Las campanudas son aquellas que están buenísimas y, además, son capaces de quitarte la Visa y todas las joyas y pieles que husmean a su paso. Y, por fin, las cetácicas, nacidas en el País Vasco y que, por su aspecto de endriago marino, se afilian a cualquier partido político patrocinado por la Eta, para salir luego en televisión y asustar a los niños."

Me reafirmo: cateto con boli. Por suerte, y a diferencia de otros morlacos de la faltada con los que nos las solemos ver, totalmente inofensivo.

viernes 1 de febrero de 2008

Alegato del Tomate

Me estoy alimentando
con un nuevo programa.
Su imagen estimula
mi amor informativo.
(Aviador DRO: La televisión es nutritiva)


No me alegro ni medio gramo de la desaparición del Tomate. Es más: echando cuentas, creo que estoy más apenado que contento, entre otras cosas, porque mi amiga Berta se ha quedado sin curro... y con ella, otras 120 personas. Contad hasta cien antes de proclamar que se lo tienen bien merecido por ganarse la vida removiendo el guano de los buitres, palomas, gavilanes, periquitos y, en general, pájaros de diverso agüero que componen la fauna famosil. Ya he citado alguna vez la disyuntativa que nos planteaba cada dos por tres mi viejo y facha profe de latín: ¿Quién peca más, el que peca por la paga o el que paga por pecar?, pregunta a la que yo, mirando a los dignísimos plumillas que creen que no se mancharían las manos en el cieno rosa, añadiría, con el mismo resabio bíblico, lo de la paja en el ojo ajeno y el elefante en el propio.

Hace tiempo dejó de colar lo de las legiones que se chutan en vena los documentales de la dos. Lo que más me flipaba de mis tiempos en la tele era un adictivo invento llamado en jerga interna de Txori Etxea -creo recordar- audioneur. Consistía en una pantalla múltiple donde se podían ver simultáneamente todos los canales y, lo más alucinógeno, la evolución al segundo del número de espectadores que seguían cada uno. En cuanto en una cadena aparecía la cortinilla de publicidad, los televidentes salían en estampida. Pero lo mejor era la erección numérica que se producía bajo cualquiera de los recuadros donde aparecieran unas tetas. Estoy seguro de que si Pavlov hubiera dispuesto de un ingenio así, no habría necesitado tunear las tripas del pobre perro para demostrar lo de los estímulos y las respuestas.

Después de meterle varias horas al juguetito y otras cuantas más al informe diario de audiencias minuto a minuto de Sofres, me creo bastante poco tirando a nada a los que ponen cara de retortijón cuando hablan de estos programas que entre otras funciones sociales cumplen la de ser saco de las hostias y del desprecio general. Que tire la primera piedra quien no se haya quedado un cuarto de hora con el mando petrificado ante el primo de una amiga del cuñado de la chica que salió con uno que tuvo una noche loca con la hija de una farmacéutica que le vendió unos condones a Pipi Estrada. Y que tire la segunda quien, al comentar como de pasada ante sus amigos que lo vio, no se ha encontrado con que toda la cuadrilla lo había presenciado... eso sí, por casualidad.


En resumen: el Tomate ha existido porque había miles de mendrugos dispuestos a untarse en él. Y tampoco les culpo, porque un zapping a su hora de emisión te pone a un tris de solicitar asilo en Disneylandia ante la imposibilidad de elegir entre susto o muerte. Lo divertido va a ser cuando todos los estirados (no va por ninguno de vosotros) que cantan victoria descubran dentro de muy poco que los paridores de teleponzoña son capaces de superarse. ¿Acaso os habéis olvidado del Missisisipi, Crónicas o Tómbola?

miércoles 9 de enero de 2008

Independencia II

Hay quién dice que puede ser perjudicial,
sin embargo, a mí no me hace mal,
la mentira está escrita
en los periódicos de mañana.
(M Clan: Los periódicos de mañana)


La inefable Encarna Sánchez tenía por divisa Periodismo valiente dirigido a la verdad. Hasta anteayer El País se definía como Periódico independiente de la mañana. Aunque a pedrojota no le guste recordarlo, cuando se presentó la sucursal vasca de El Mundo, la frase promocional fue El País Vasco ya tiene la independencia. Hace unos años hubo un periódico efímero llamado El Independiente. ¿Sabéis lo que veo detrás de esos lemas pomposos? Pues, además de ganas de marcar paquete, un complejo de legitimidad de origen talla XXL.

No hay periodistas independientes, del mismo modo que no hay veterinarios, sexadores de pollos, protésicos dentales, auxiliares administrativos o agentes de seguros que no guarden alguna dependencia respecto a algo o alguien. Me asustaría que un cirujano se amparase en su presunta independencia para operar sin anestesia y con serrucho. Otra cosa sería que se aferrase a la deontología de su profesión y a sus valores éticos para no aceptar la orden de un superior de trabajar en un quirófano con cucarachas.


Quiero decir, simplemente, que si ser independiente consiste en hacer de cada capa un sayo, yo no estoy censado ahí. ¿Sería independiente si me diera por convertir MQP en un programa especializado en cine Dogma? ¿Os imagináis? Cinco horas los sábados y otras cinco los domingos hablando de las pelmadas de Lars Von Trier y sus correligionarios, que son aún más chapas que él. Lo lógico es que me echaran y que hasta mi gato se riera si yo saliera clamando que se ha atropellado la independencia periodística por ponerme de patitas en la calle.


Quecaro no puede gastar treinta talonarios de recetas en una mañana. Mikel no puede cambiar el programa -ahora llamado currículo- por unas sesiones de tao-zen. Mikel Azkorra no puede sacar a quince tíos al parqué al mismo tiempo ni jugar con tres porteros. ¡Menuda falta de independencia y qué poca personalidad, qué cobardía, qué bajeza de miras, que no son capaces de dar un puñetazo en la mesa y hacer lo que les sale de la sobaquera!


Un razonamiento absurdo, ¿verdad? Pues en periodismo y/o comunicación, lo mismo. Pedidnos honradez, que tratemos de llegar lo más cerca de la verdad que sea posible, que no inventemos bulos, que no aireemos los que ya existen, que tratemos de desenmascarar farsantes, que rectifiquemos cuando metemos la pata, que no os llevemos a engaño, que no os aburramos, que huyamos de los tópicos, que demos voz a quienes menos voz tienen. Evaluadnos uno a uno y sed también vosotros honrados al hacerlo. No nos cateéis sólo porque a esa hora, en ese minuto y ese segundo no hemos atinado con la frase que queríais leer o escuchar. Comprobaréis que no hay matrículas de honor ni sobresalientes, tal vez ni notables. Con suerte, alguno, esforzándose mucho, raspará el aprobado. Decidid libremente si esos merecen vuestra confianza, pero si me admitís el consejo, descartad a los que os juren que son independientes. Si os mienten en eso, os mentirán en todo lo demás...

lunes 7 de enero de 2008

Independencia

If not himself, then he has naught
To say the things he truly feels and not the words of one who kneels
The record shows I took the blows and did it my way!
(Paul Anka: My way)

Acabaré abriendo en este blog una etiqueta que ya está en mi vida personal y laboral: charcos, parques y jardines. No sé cómo lo hago -bueno, en realidad sí tengo mis sospechas-, pero los barrizales tienen la manía de salirme al encuentro, especialmente cuando voy con alpargatas.

Juro que ayer sólo quería hacer un programa bonito y tranquilo para poner la guinda al maratón de 19 días consecutivos yendo a la radio (ojo, que los previos habían sido Barcelona, el megapuente, Durango y Tolosa) que he compartido con el superequipo de MQP. A primera vista, parecía, ¡oh, sí! que volveríamos a reeditar ese happy end que siempre me desarma y me sube al cielo, que consiste en Cristina diciéndome con su penúltimo aliento que le da pena que se termine. Lo cierto es que, viendo las cinco horas en conjunto, había motivos para que se cumpliera el deseo... si no fuera porque yo salí del estudio a las dos de la tarde con la palabra independencia atravesada en la glotis.

Corro a precisar que me refiero a la periodística, que es la que me toca más de cerca. Probablemente fuisteis testigos del momento en que empezó todo: en el repaso a la prensa de la Mesa a Tres Bandas leímos el titular de la entrevista a Andoni Ortuzar en Deia. Javier Ortiz dijo “sin comentarios”, pero su voz no llegó a escucharse con nitidez. Yo pregunté si alguien había dicho algo o si quería decirlo y el silencio -dos segundos en radio son una eternidad- me invitó a seguir con los periódicos. Apenas un minuto después llegó el primer email acusándonos de autocensurarnos. Lo leí sin disimular mi desazón, lo que abrió un minidebate apresurado sobre la independencia periodística que tuvo su complemento, tras la pausa de las nueve y media, con el comentario de la presunta noticia espinosa.

¿Puede alguien ponerme algún ejemplo de medio de comunicación donde se haya hablado abierta y públicamente sobre los cambios en su propia cúpula? ¿SER, COPE, Gara, La Razón, Vocento, El Mundo, El Adelanto de Salamanca? Hasta donde yo recuerdo, esos cambios se resuelven con frías notas, con panegíricos o con las dos cosas. No creo que nuestra actuación quepa en ninguna de esas categorías. Por eso me dolió, aún agradeciendo y apreciando el tono mesurado e incluso amable, que varios oyentes pusieran en duda mi independencia justo cuando y donde quería haberla demostrado.


No quiero alargar demasiado el apunte. Dejo para otra ocasión desarrollaros mi idea sobre lo que, como nos ocurre con tantas otras palabras fetiche (libertad, paz...), ya no somos capaces de distinguir de una onza de chocolate. Sí quiero añadir que en mis años de profesión he descubierto que los que más presumen de independencia -con honrosas excepciones- tienen el armario lleno de banderas de conveniencia. Y una coda final: si ayer no me tembló el pulso para sacar a la plaza esa noticia fue porque su protagonista nos ha enseñado con el ejemplo -¿lo recordáis en la Audiencia Nacional?- en estos ocho años y pico que cuando se actúa con honradez no hay que tener miedo a las consecuencias.

lunes 31 de diciembre de 2007

Los 10 mandamientos de MQP

Seremos tu cordón umbilical,
tu confesionario, tu pomada.
Ponte los cascos en la oscuridad
si te da la espalda la almohada...
(Joaquín Sabina: 69 punto G)

Seguramente influido por la pequeña tormenta en el Paraíso de las últimas horas, me he puesto a rebuscar en el bebedero de patos que es el disco duro de mi viejo ordenador y he encontrado algo que quiero compartir con los pares de ojos que os dejáis caer por aquí. Se trata de la guinda a un documento de reflexión que nos pidieron hace varios años a unos cuantos profesionales de Radio Euskadi. Después de soltar mi habitual chapa militante, me puse el disfraz de Moisés y me atreví a redactar mis diez mandamientos de cualquier programa de la Radio Pública vasca. Puedo afirmar con orgullo que en Más Que Palabras se han seguido casi a rajatabla. Ahí van:
  • No idolatrarás el CIES y menos el EGM. Bastará con mirarlos de refilón y, en todo caso, oblicuamente, que es como se descubre que no todo es lo que parece.

  • Defenderás lo que has conseguido y tratarás de tener un poco más, pero sólo lo que necesites. La avaricia rompe el saco. No pretendas tener en el mismo recipiente agua y aceite, porque ni te calmará la sed ni podrás freír un huevo. (O sea, que oyentes serios u oyentes jijíjajá)

  • Serás tan honesto con la audiencia como tú quieres que lo sean contigo. No les darás gato por liebre, ni les masticarás las noticias, ni serás tan soberbio de pensar que hay cosas que es mejor que no sepan.

  • Escucharás la voz de los oyentes y obrarás en consecuencia cuando te parezca razonable. ¡Pero cuidado con las campañas orquestadas, los cantos de sirena y los familiares y amigos! El maligno adopta las formas más inesperadas.

  • Tratarás de tener tanta presencia pública como seas capaz de gestionar. No hagas cualquier cosa por estar ni dejes de hacerla por creer que no vas a estar.

  • No te pondrás metas. Las irás rebasando sin darte cuenta. Bastará con que no te duermas.

  • Tratarás de recibir en la mejilla izquierda y en la derecha, y de vez en cuando, también en la nariz. No está mal que te aticen de cuando en cuando los que creen que son los tuyos. El señor mediático escribe derecho en renglones torcidos. Mejor ser de nadie que de uno solo. De hecho, la mejor forma de ser de todos es no ser de ninguno.

  • Reflexionarás con frecuencia, pero no tanto que cada vez que tengas que hacer algo YA, no seas capaz de hacerlo porque estás pensando.

  • Cuando te ofendan, no pagarás con la misma moneda. Buscarás una forma más sutil de cobrar la deuda o la pondrás a beneficio de inventario.

  • Por encima de todo y sobre todo honrarás a los tuyos (mayormente, tus compañeras y compañeros y tu audiencia). Fuera de ellos casi todo es frío y oscuridad.

lunes 26 de noviembre de 2007

Telerrealidad

La televisión pronto llegará, yo te cantaré y tú me verás... (Lolita Garrido, La televisión)

Para una vez que no pretendíamos que el A Dos fuera un debate, el del pasado sábado sobre la llamada Telerrealidad acabó siéndolo casi con todas las de la ley, y debo reconocer que me gustó ese viraje sobre nuestras intenciones iniciales. La única pena es que se nos volvió a quedar corto gracias, en buena parte, a que los dos invitados, Ernesto Martínez y Mariola Cubells, vinieron con argumentos sólidos y demostraron una enorme capacidad de comunicación al defenderlos.

Ernesto, curtido en esas redacciones donde se pueden hacer jornadas de doce horas diarias a la caza de la mejor historia para alimentar el hambre canina de la insaciable audiencia televisiva, defendió con ardor su trabajo. Pero me temo que su brillantez no fue suficiente para convencer a la inmensa mayoría de los oyentes de MQP, alineados de saque con ideas más parecidas a las que trajo Mariola, que también fue cocinera de esa tele de trazo grueso antes de arrepentirse y contar sus miserables pelos y señales en un libro titulado ¡Mírame, tonto! Confieso que yo, que conozco ese paño por vía cercana -incluso cercanísima-, aprecié el esfuerzo del periodista madrileño, pero también me vi más reflejado en la postura de la valenciana.

Una frase ingeniosa: No quieras saber cómo se hacen las leyes ni las salchichas, a lo que añado: Ni tampoco los programas de telerrealidad. Cuando escucho a algunos de mis compañeros más jóvenes maldecir la profesión porque se han mojado al volver de una rueda de prensa o porque la máquina de café no funciona, suelo desearles con cordial mala leche una temporadita en cualquier talk show. De hecho -y que me perdone Mikel eztabai- yo creo que preferiría hacer la mili en los Regulares de Ceuta antes que trabajar dos semanas en esas casquerías donde la única forma de sobrevivir es hacerse un abrigo de conchas de galápago impermeable a cualquier sentimiento humano. Si Darwin tuviera que probar la teoría de la selección natural hoy, sin duda iría a una de esas redacciones en que sucesivos jefes intermedios con la pituitaria y el paladar atrofiados piden más tabasco a las historias, ya de por sí picantes, que les ofrecen los curritos.

Lo peor de todo es que, igual que en los grandes almacenes incluyen en el precio de las cosas la parte proporcional de lo que saben que les van a hurtar, aquí también entra en presupuesto que de tanto en tanto se produzca una desgracia. Es más: se ha llegado a tal grado de refinamiento en la perversión que cuando llegan esos accidentes, se hace de la necesidad virtud y se consigue, incluso, subir cinco puntos la audiencia. No me he parado a mirar los datos, pero me apuesto lo que sea a que desde el asesinato de Smetlana, el Diario de Patricia ha mejorado rating y share. Y justo aquí, donde me voy a parar, llegamos a la última responsabilidad, la de quien maneja el mando a distancia.