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lunes 12 de mayo de 2008

Seiscientos kilómetros

Maravillas, Maravillas
florecica de Larraga
amapola del camino
te seguiré donde vayas.
De Monreal a Otxoportillos
de Sartaguda a Santacara
para sembrar las cunetas
con flores republicanas.
(Fermín Valencia: Maravillas)

Santurtzi, Sartaguda, Senpere, Santurtzi: redondeando, seiscientos kilómetros en 48 horas por todo tipo de carreteras bajo las más variopintas circunstancias meteorológicas, con Maripuri, mi contradictoria pero efectiva GPS, como única compañía a bordo del Saxo blanco con abolladuras en el lateral izquierdo. Creo que me he ganado el pitillo y el chupito de orujo de naranja en los que busco inspiración para las próximas líneas.


Del programa de ayer, poco tengo que contar. El sexto Herri Urrats consecutivo. Como en las bodas, las comuniones o los funerales de los amigos, simplemente hay que estar ahí y punto, con la indumentaria adecuada para la ocasión, que en este caso es un vestido de lagarterana en algunos momentos, una camiseta militante en otros y una equipación de portero de fútbol (me pido Yashin, la araña negra) por si hay que volar de poste a poste o salir a la desesperada hasta el borde del área grande. Imposible retirarse al túnel de vestuarios sin haber recogido unos cuantos balones del fondo de la red, pero qué le vamos a hacer. ¡Y menos mal que la defensa -Cris y Olaia en los laterales corriendo la banda; Domínguez de central organizador e Itsaso como líbero al más puro estilo Beckenbauer- me evitó la goleada que parecían aventurar los pronósticos!


Tengo bastante más por digerir de las cinco horas (preparativos aparte) que pasamos el sábado bajo el intenso chaparrón de agua y de emociones en Sartaguda, el pueblo de la viudas, de los melocotones... y de Edurne Mendia, que terminó el programa empapada y embarrada después de haberse entregado hasta más allá del límite de sus fuerzas. Tal vez veo lo que quiero ver, pero sus ojos, de un azul que seríais incapaces de imaginar, me dijeron que había merecido la pena volver a la épica de la radio (sólo los buenos oficios del técnico José Ignacio Revuelta y de la eficaz Mari Luz impidieron que nos electrocutáramos) para contar lo que ocurrió en un día casi mágico para miles de personas unidas por la dignidad antes, durante y después de la derrota del 36.


Pudistéis escuchar al joven de 93 años, Jesús Benito, contar cómo le mataron a media familia y a prácticamente todos sus amigos, con cuyos nombres esculpidos en el muro conversa ahora y les cuenta que se siente un poco menos solo. También os llegó la voz de Néstor Basterretxea, que vino con un brazo en cabestrillo y dolorido, diciendo que no se hubiera perdido ese momento ni aunque le hubieran cortado las manos... Y eso que el sábado hacían falta más de dos: una para el paraguas, otra para la ikurriña o la tricolor republicana, otra para estrechar la de los amigos que se encontraban o se reencontraban, y aún una más con dedos sensibles para acariciar el relieve del nombre de los seres queridos en el lugar más imponente del parque. Fue justamente esa la imagen que se le quedó grabada a Fermín Valencia, el cantor de todas las causas perdidas y de todas por las que hay que seguir luchando.


Porque la lucha sigue, como nos quedó claro al escuchar a Roldán Jimeno, Fernando Mikelarena, Carlos Espinosa, Carlos Martínez, Jose Mari Esparza, Ana Vieitez, Joseba Ezeolaza, Emilio Silva, Jokin Muñoz, Castillo Suárez, José Antonio Labordeta o nuestro Juantxo Agirre Mauleon, que repitieron, con matices, el mismo mensaje: la Justicia está enterrada a más profundidad que los huesos que se van recuperando. El Parque de la Memoria de Sartaguda es sólo un paso de un camino que tiene todavía muchos hitos pendientes. Para alcanzarlos -esto ya es cosecha mía- habrá que ir juntos, después de despojarse de las absurdas rencillas que, desgraciadamente, también nos tocó ver entre personas que buscan (¡eso dicen!) el mismo fin.


Tal vez nos sirvan de ejemplo el alcalde, José Ramón Martínez -que nos atendió con ropa azul mahón de faena- y su convecino Gabriel Martínez, que votan juntos por los mismos objetivos, aunque uno es socialista y el otro, de ANV. Sin su acuerdo no hubiera sido posible la inauguración del Parque. En eso iba pensando a las cuatro de la tarde de anteayer, con los limpiaparabrisas trabajando a destajo, mientras conducía hacia el norte e iba dejando atrás un pueblo en cuyas cuadrillas de jóvenes se mezclan como la cosa más natural del mundo nietos y nietas de los que dispararon y de los que recibieron los disparos.

martes 8 de abril de 2008

Ser y estar

Vamos viviendo,
viendo las horas que van muriendo,
las viejas discusiones se van perdiendo
entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir la tremenda armonía,
que pone viejos los corazones.
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.
(Pablo Milanés: Años)



Estoy a punto de quemar la moviola mental de tanto repasar las jugadas más interesantes de la hora que dedicamos el domingo a darle vueltas a cómo han cambiado las relaciones de pareja en los últimos veinticinco años. Fue un delicioso caramelo que nos regaló el Fórum Radio Euskadi, que como todos sabéis, esta vez lleva incorporado un retrovisor para comparar la sociedad vasca de hoy con la que conoció el estreno (prefiero decir el reestreno; no me olvido del exilio) de la emisora en la primavera del 83.


Con Imanol Querejeta ejerciendo de Doctor Amor, invitamos a la abogada y amiga Patricia Verdes (rupturas), el sexólogo y mil cosas más Luis Elberdin (instintos básicos) y a los pinchadiscos y además compañeros técnicos de Radio Euskadi José Mari Urkidi (lentas del 83) y Raúl González (Funky y chuntachunta del 2008). Cada uno de ellos habría dado para una hora entera... o más, así que inevitablemente nos tuvimos que conformar con picotear de aquí y de allá con una banda sonora compuesta por Every breath you take, Yo tenía un novio, Flash begi batean y Up where we belong. Ni os imagináis el subidón que me dio el día anterior seleccionando esa música que yo bailé con mi pantalón carpintero de novecientas rayas, el niki-surf azul, y las deportivas blancas con cierre de velcro, que es exactamente la ropa que llevo en la foto de ahí arriba...


¿Alguna conclusión? Buff... Me quedaré con una idea por cabeza. Imanol dijo que los hombres hemos aprendido que la pareja también se sostiene con la plancha, la escoba o la Vileda. Patricia nos habló de mujeres que a los setenta años echaban cuentas y mandaban a hacer gárgaras al tipo al que realmente no habían soportado nunca. José Mari puso nostálgicos a los que pergrinaban a la mítica Txitxarro de aquellos años. Raúl nos dijo que los jóvenes de hoy no usan la música como excusa.


He dejado para el final a Luis, porque de además de despertar la lujuria de quienes nos escuchaban con sus detalladas descripciones de técnicas de submarinismo carnal actuales, nos contó que cuando preguntaba a dos jóvenes que habían acudido a su consulta si eran pareja, los aludidos se miraban, se encogían de hombros y decían que ni si ni no, que sin más, estaban juntos. Ahí encontré yo mi titular, seguramente excesivo y matizable: En el 83 las parejas eran; hoy están.

lunes 3 de marzo de 2008

Las verdades de Pako

Inork espero ez nauen leku batera noa
niregandik gehiegi espero zuten batetik:
Harlandu sendoz etorkizuna tinkatzea
Betirako konpromezu sakon ta serioa
zidaten eskatzen.
(Mikel Markez: Ez asko espero)


Le robé ayer por la mañana a Pako Aristi veinte minutos de charla y -calculo- dos horas entre ida y vuelta desde su casa en Urrestilla hasta nuestros estudios en Miramon. Si añado el madrugón dominical inducido, mi sentimiento de culpa toma proporciones de catedral y sólo se apacigua ante el eco que ha tenido entre un puñado de oyentes de MQP -quiero creer que incluso más de los que nos han llamado o escrito- esa conversación que ha ido haciendo zigzag entre la media docena de notas garabateadas a mano que me he llevado al estudio a modo de cuestionario.

Me insinúa ahora el puñetero perfeccionismo que tal vez tardamos en entrar en calor, y que a lo peor me sobraron treinta o cuarenta reiteraciones sobre la condición de outsider con balcón a la calle de Pako. Quién sabe... El caso es que incluso alguna de las personas en quien más indiferencia provoco encontró audible el intercambio de palabras, lo que, supongo, debería hacer adelgazar unos gramos mi frustración, al mismo tiempo que me induce a pensar que no estuvo tan mal y, ya puestos, que los que hicisteis novillos radiofónicos podéis escucharla sin mayor sufrimiento. Si dais el paso, no dejéis de contarme qué os parece, que ando de proceso interno (aprovecho los insomnios kilométricos) y necesito ponencias críticas, porque me empiezo a aburrir de darme con la fusta yo solo.

Para que el aterrizaje en la charla no os resulte demasiado brusco, os dejo hacer ejercicios de calentamiento con el final de uno de los poemas incluidos en Tres cuadernos y un destino, el trabajo más reciente de Aristi y, que yo sepa, el primero publicado en castellano. Se titula El País Vasco, hoy, y después de un puñado de verdades incómodas, desemboca en estas palabras:

Vivimos cómodamente instalados en parámetros conservadores,
pero sin perder nunca la simpatía por los estados sublevados:
siempre es hermoso sentirse necesitado por el tercer mundo,
poder ayudarles para que sigan siendo un poco más pobres.
Salvaguardamos lo insustancial del euskara
declamando los asuntos importantes en castellano.
Así es, señoras y señores, el presente del País Vasco:
el pueblo burgués más revolucionario del mundo.

lunes 18 de febrero de 2008

Ikusi arte, Ane

Ehun aldiz agur
esan ez banizu ez nizun inoiz esan
ta ehun aldiz ehun,
ez naiz sekula joan izan.
Horregatik agur
esan banizun ez nizun ezer esan
inor ez dago ziur,
edo ez du nahi ziur izan.
(Karidadeko Benta: Ehun aldiz agur)




Ahí tenéis a Ane Miren Luzuriaga, que durante cuatro meses ha sido el quinto mástil de MQP, descifrando una piedra Rosetta con forma de tarjeta de despedida. No sabe, porque es insultantemente joven, que esas letras que dejaron sus compañeras y su dulce dolor de muelas Domínguez en el cartón irán cambiando de significado con los años. También lo harán las que contiene esta carta que le dirijo a ella especialmente, y en la misma botella arrojada al agua, a las decenas de polizones con permiso que a lo largo del tiempo han formado parte de la tripulación de esta txalupa casi siempre a la deriva a la que ahora el pairo parece llevar por fin a puerto.



Querida Ana Mari... digo... Ane:

No me ha servido de nada prepararme. Al final, como en ese poema de Atxaga que nunca recuerdo, algo ha hecho crash dentro de mí, y sólo gracias al máster en fingir lo que no siento que empecé en junio he sido capaz de mantener el tipo. Ya veré qué hago con los desconchones internos, con las lágrimas a las que he dado esquinazo y ahora me piden cuentas, con las palabras que llevo semanas buscando sin saber que aún no estaban inventadas, con la confirmación de mi peor pronóstico diluido en un sorbete de mandarina, con la amenaza de olvido que hay tras cada hasta pronto, con el jueves a las diez y el domingo a las dos y cinco y, sobre todo, con los plazos que me empiezan a correr también a mí.


Jodidas despedidas, se me atragantan y me bloquean porque sacan de mi caja fuerte todos los rostros -muchos difusos, otros incluso sin nombre- de las personas a las que he ido diciendo ojalá que te vaya bonito. Jamás me ha servido de consuelo saber que volveríamos a cruzarnos. No es casual que uno de mis versos de cabecera de Neruda sentencie que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. La parte positiva de la frase en apariencia terrible es que podemos ser aún mejores. Algo me dice que en nuestro caso será así.

martes 12 de febrero de 2008

Ongi etorri, Aimar

Nadie como tú para hacerme reír.
Nadie como tú sabe tanto de mí.
Nadie como tú es capaz de compartir
mis penas, mi tristeza, mis ganas de vivir.
Tienes ese don de dar tranquilidad,
de saber escuchar, de envolverme en paz.
(LODVG: Veinte años)

Me vais a permitir un pequeño eco de sociedad: esa ricura que tenéis ahí con los ojos bien abiertos y la boca en postura de reivindicación es Aimar. Su amatxu, mi nena Iratxe Celis, cumplió su promesa y lo alumbró en domingo, mientras se emitía Más Que Palabras. Ella misma le sacó la foto apenas una hora después y me la envió al móvil. En cuanto terminó el programa, salí a escape para comprobar que al natural era aún más bonito y, sobre todo, para ver cómo se reflejaba la felicidad en una de las personas que más quiero en este mundo. Tengo mis motivos: sin Iratxe hoy no existiría todo esto que nos une a través de las ondas o del ciberespacio. Os prometo que no exagero.

miércoles 9 de enero de 2008

Independencia II

Hay quién dice que puede ser perjudicial,
sin embargo, a mí no me hace mal,
la mentira está escrita
en los periódicos de mañana.
(M Clan: Los periódicos de mañana)


La inefable Encarna Sánchez tenía por divisa Periodismo valiente dirigido a la verdad. Hasta anteayer El País se definía como Periódico independiente de la mañana. Aunque a pedrojota no le guste recordarlo, cuando se presentó la sucursal vasca de El Mundo, la frase promocional fue El País Vasco ya tiene la independencia. Hace unos años hubo un periódico efímero llamado El Independiente. ¿Sabéis lo que veo detrás de esos lemas pomposos? Pues, además de ganas de marcar paquete, un complejo de legitimidad de origen talla XXL.

No hay periodistas independientes, del mismo modo que no hay veterinarios, sexadores de pollos, protésicos dentales, auxiliares administrativos o agentes de seguros que no guarden alguna dependencia respecto a algo o alguien. Me asustaría que un cirujano se amparase en su presunta independencia para operar sin anestesia y con serrucho. Otra cosa sería que se aferrase a la deontología de su profesión y a sus valores éticos para no aceptar la orden de un superior de trabajar en un quirófano con cucarachas.


Quiero decir, simplemente, que si ser independiente consiste en hacer de cada capa un sayo, yo no estoy censado ahí. ¿Sería independiente si me diera por convertir MQP en un programa especializado en cine Dogma? ¿Os imagináis? Cinco horas los sábados y otras cinco los domingos hablando de las pelmadas de Lars Von Trier y sus correligionarios, que son aún más chapas que él. Lo lógico es que me echaran y que hasta mi gato se riera si yo saliera clamando que se ha atropellado la independencia periodística por ponerme de patitas en la calle.


Quecaro no puede gastar treinta talonarios de recetas en una mañana. Mikel no puede cambiar el programa -ahora llamado currículo- por unas sesiones de tao-zen. Mikel Azkorra no puede sacar a quince tíos al parqué al mismo tiempo ni jugar con tres porteros. ¡Menuda falta de independencia y qué poca personalidad, qué cobardía, qué bajeza de miras, que no son capaces de dar un puñetazo en la mesa y hacer lo que les sale de la sobaquera!


Un razonamiento absurdo, ¿verdad? Pues en periodismo y/o comunicación, lo mismo. Pedidnos honradez, que tratemos de llegar lo más cerca de la verdad que sea posible, que no inventemos bulos, que no aireemos los que ya existen, que tratemos de desenmascarar farsantes, que rectifiquemos cuando metemos la pata, que no os llevemos a engaño, que no os aburramos, que huyamos de los tópicos, que demos voz a quienes menos voz tienen. Evaluadnos uno a uno y sed también vosotros honrados al hacerlo. No nos cateéis sólo porque a esa hora, en ese minuto y ese segundo no hemos atinado con la frase que queríais leer o escuchar. Comprobaréis que no hay matrículas de honor ni sobresalientes, tal vez ni notables. Con suerte, alguno, esforzándose mucho, raspará el aprobado. Decidid libremente si esos merecen vuestra confianza, pero si me admitís el consejo, descartad a los que os juren que son independientes. Si os mienten en eso, os mentirán en todo lo demás...

lunes 7 de enero de 2008

Independencia

If not himself, then he has naught
To say the things he truly feels and not the words of one who kneels
The record shows I took the blows and did it my way!
(Paul Anka: My way)

Acabaré abriendo en este blog una etiqueta que ya está en mi vida personal y laboral: charcos, parques y jardines. No sé cómo lo hago -bueno, en realidad sí tengo mis sospechas-, pero los barrizales tienen la manía de salirme al encuentro, especialmente cuando voy con alpargatas.

Juro que ayer sólo quería hacer un programa bonito y tranquilo para poner la guinda al maratón de 19 días consecutivos yendo a la radio (ojo, que los previos habían sido Barcelona, el megapuente, Durango y Tolosa) que he compartido con el superequipo de MQP. A primera vista, parecía, ¡oh, sí! que volveríamos a reeditar ese happy end que siempre me desarma y me sube al cielo, que consiste en Cristina diciéndome con su penúltimo aliento que le da pena que se termine. Lo cierto es que, viendo las cinco horas en conjunto, había motivos para que se cumpliera el deseo... si no fuera porque yo salí del estudio a las dos de la tarde con la palabra independencia atravesada en la glotis.

Corro a precisar que me refiero a la periodística, que es la que me toca más de cerca. Probablemente fuisteis testigos del momento en que empezó todo: en el repaso a la prensa de la Mesa a Tres Bandas leímos el titular de la entrevista a Andoni Ortuzar en Deia. Javier Ortiz dijo “sin comentarios”, pero su voz no llegó a escucharse con nitidez. Yo pregunté si alguien había dicho algo o si quería decirlo y el silencio -dos segundos en radio son una eternidad- me invitó a seguir con los periódicos. Apenas un minuto después llegó el primer email acusándonos de autocensurarnos. Lo leí sin disimular mi desazón, lo que abrió un minidebate apresurado sobre la independencia periodística que tuvo su complemento, tras la pausa de las nueve y media, con el comentario de la presunta noticia espinosa.

¿Puede alguien ponerme algún ejemplo de medio de comunicación donde se haya hablado abierta y públicamente sobre los cambios en su propia cúpula? ¿SER, COPE, Gara, La Razón, Vocento, El Mundo, El Adelanto de Salamanca? Hasta donde yo recuerdo, esos cambios se resuelven con frías notas, con panegíricos o con las dos cosas. No creo que nuestra actuación quepa en ninguna de esas categorías. Por eso me dolió, aún agradeciendo y apreciando el tono mesurado e incluso amable, que varios oyentes pusieran en duda mi independencia justo cuando y donde quería haberla demostrado.


No quiero alargar demasiado el apunte. Dejo para otra ocasión desarrollaros mi idea sobre lo que, como nos ocurre con tantas otras palabras fetiche (libertad, paz...), ya no somos capaces de distinguir de una onza de chocolate. Sí quiero añadir que en mis años de profesión he descubierto que los que más presumen de independencia -con honrosas excepciones- tienen el armario lleno de banderas de conveniencia. Y una coda final: si ayer no me tembló el pulso para sacar a la plaza esa noticia fue porque su protagonista nos ha enseñado con el ejemplo -¿lo recordáis en la Audiencia Nacional?- en estos ocho años y pico que cuando se actúa con honradez no hay que tener miedo a las consecuencias.